jueves, 5 de abril de 2018

Una excepción.


   Hola, queridos pinéfilos, buenas tardes :

   Eso es, voy a hacer una excepción que no será la última, posiblemente. No voy a hablar de pines sino de plaquitas de cava. ¿ Por qué ? Vamos a ver las fotos :



   Es la cajita que Codorniú regaló a sus clientes en el año 2.000. Es una caja sencilla, de cartón rígido y de color verde que contiene seis placas de la marca de años sucesivos, anteriores a la edición del regalo :


   La transcripción de su contenido viene en una pequeña lámina que se adjunta en la caja y que informa del contenido de manera muy amena y completa :


   Volvemos al porqué. Pues es sencillo, anecdótico y nostálgico. Yo recibí la cajita de regalo y, por humanidad, porque me pareció que debía hacerlo, la regalé a una persona que me la había pedido. Años después, esa misma persona la tenía a la venta en su mesa de coleccionista en una de las trobadas andorranas, para mi sorpresa y cierta indignación. No me importa lo que cada cual hace con lo que yo le regalo pero ... venderlo, sin hacerlo llegar al destino para el que se me solicitó ... en fin,
me revolvió un poco el estómago. Sin embargo, lo dejé pasar. Hasta hace unos días.


   Hace unos días, tres, la cajita volvió a mi sin avisar, de la manera más natural y sin acritud. Y la expongo porque le he tomado cariño y no volveré a dejarla ir. No colecciono placas de cava, pero reconozco que son bonitas y, si tienen una pequeña historia detrás, me conmueven y las guardo. No lo puedo evitar.
   Quizás padezco el síndrome del coleccionista ...

   Saludos cordiales, salutacions cordials, saúdos cordiais, bihotzeko agurrak.
   Tucho, Casa del Pin, La Coruña.

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